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El teletrabajo era esto

El teletrabajo era esto | IECISA

El teletrabajo era esto

09/06/2020 / José Estañ Bistuer /Transformacion digital

Todo empezó recién estrenado el mes de marzo. Creo que era un martes cuando esperando en el coche a que mi hija terminara una de sus múltiples extraescolares –fútbol, danza, música, teatro…– escuché en la radio una noticia que ni el propio locutor acababa de creerse: “a partir de mañana se suspenden las clases en los colegios durante al menos una semana”. Parecía realmente imposible; el Gobierno no podía atreverse a mandar a todos los niños y niñas a casa durante una semana.


Y en medio de la noticia apareció mi hija. Lanzó la bolsa de deporte hacia el asiento trasero –esta vez la extraescolar era fútbol– y ocupó el asiento del copiloto con el aire desafiante propio de su recientemente iniciada adolescencia. “Mañana no hay colegio”, me atreví a decirle. “Ni mañana ni durante toda la semana”. Por supuesto que no me creyó –los padres no decimos más que tonterías–, pero las noticias que oíamos en la radio acabaron por darme la razón. El colegio ha terminado, como decía una canción de Alice Cooper. Se me ocurrió preguntarle a mi hija si había oído a Alice Cooper y me respondió con mala cara que quién era esa.

Al día siguiente acudí al trabajo utilizando el transporte público, como venía haciendo los últimos veinte años. Una vez en la oficina empezaron a llegarme los rumores que acabarían por confirmarse y convertirse en instrucciones precisas: a partir de mañana deberíamos trabajar en casa. Asumida la novedad, el día transcurrió de la manera habitual: reuniones improvisadas en la mesa de algún compañero, reuniones programadas –habitualmente con más de media docena de asistentes–, los cafés de la mañana-la media mañana-la tarde y la media tarde, las bajadas a fumar, la visita sorpresa de los compañeros de la Delegación de…, la recolección de dinero y la firma de tarjeta para el regalo de la compañera que acababa de tener su tercer hijo, la videoconferencia interrumpida porque no sé qué error había en la reserva de sala, el simulacro de incendio… Lo que es una jornada normal y productiva.

Al terminar del día, y en previsión a la impuesta semana de teletrabajo, guardé mi portátil en la mochila y consideré la posibilidad de llevarme las tres gruesas carpetas llenas de papeles que siempre hay sobre mi mesa y que durante tanto tiempo me han acompañado. Finalmente las abandoné por razones de peso, literalmente.

Y al día siguiente comencé a teletrabajar, por primera vez en mi extensa vida laboral y sin un sólo papel sobre la mesa. La primera sorpresa no tardó en llegar: podía trabajar igual que en la oficina, tenía acceso a todo lo que necesitaba y para nada echaba en falta las tres gruesas carpetas llenas de papeles. Resulta que estábamos preparados para el teletrabajo, que teníamos los medios, y no lo sabíamos.

Resulta que estábamos preparados para el teletrabajo, que teníamos los medios, y no lo sabíamos.

Eso pensé la primera semana, la segunda, la tercera… Después, con el alargamiento del confinamiento creo que todos y todas hemos ido refinando nuestras habilidades para teletrabajar. Hemos perdido la desconfianza y hemos descubierto que no vale hacer ver que trabajamos, que calentar la silla es un truco que no sirve en el teletrabajo: si no haces tu tarea se va a notar. Lo que se llama un cambio cultural.

Y este cambio ha llegado sin ensayar y sin previo aviso, pero ha llegado en el momento adecuado. Y eso sea tal vez lo único bueno que se puede decir del virus; que ha llegado en el instante oportuno para poder utilizar todas las herramientas tecnológicas que ya teníamos a nuestra disposición. Hace un par de décadas las cosas hubieran sido diferentes y más difíciles, pero en 2020 la conexión es posible y las carpetas, con su nombre escrito en grueso rotulador, resultan inútiles y engorrosas.

¿Quién necesita papeles, archivos, cajoneras, grapadoras, clips…? ¿Quién necesita hacer fotocopias? ¿Quién quiere desplazarse a otra ciudad para tener una reunión de media hora que puede mantener por Bluejeans con asistentes de medio mundo? Se nos ha presentado la necesidad y hemos visto que teníamos la solución a nuestro alcance aunque no la estábamos utilizando, así que hemos añadido voluntad y buena disposición, conexión y documentos electrónicos. Nuestro trabajo se basa, en gran medida, en intercambios de información, o mejor dicho, en intercambios seguros de información. El documento electrónico –en su más amplia acepción- es capaz de garantizar la seguridad, la integridad, la trazabilidad y la autenticidad de la información transmitida. Y ya existe; hace tiempo que lo inventamos y lo perfeccionamos. También disponemos de las herramientas más adecuadas para la gestión de estos documentos, tan adecuadas y completas, que resulta sorprendente la pervivencia de la antigua manera de trabajar basada en la presencia y en el documento físico.

Somos capaces de ofrecer una gestión inteligente de la información. Esa es la clave para alcanzar con éxito el horizonte 2050.

En el mejor de los casos, sorprende la falta de optimización de las posibilidades del documento electrónico. Estamos en condiciones de ofrecer mucho más que la mera gestión de los soportes. Somos capaces de ofrecer una gestión inteligente de la información. Esa es la clave para alcanzar con éxito el horizonte 2050.

Es cierto que hay que moderar el entusiasmo propio de los conversos, en este caso de los conversos al teletrabajo. Y también es verdad que resulta difícil analizar el presente por no tener la perspectiva temporal necesaria, aunque no es atrevido decir que estamos protagonizando un cambio. El futuro es, ahora más que nunca, impredecible, pero pase lo que pase, probablemente podremos afrontarlo con la tecnología que ya controlamos. Con eso y con una mentalidad abierta. Ya sabéis, school's out forever, lo decía Alice Cooper hace tiempo.

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