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Cuadernos de Blockchain. La industrialización del contrato

Cuadernos de Blockchain La industrialización del contrato

Cuadernos de Blockchain. La industrialización del contrato

06/03/2018 / Agustín San José /Blockchain

Ya ha dejado de sonarnos ajeno el término BlockChain, o Bitcoin, y mucho más para los profesionales del sector de IT. Seguramente hemos escuchado diferentes versiones de lo que es, de cómo funciona, de cómo impacta ya en el entorno financiero, de lo disruptivo que resulta... y hasta es posible que ya lo hayamos conversado varias veces en nuestros círculos de conocidos. Y si no es el caso, lo será muy pronto.

Constantemente surgen nuevas ideas y aplicaciones de esta tecnología en cualquier entorno, y es que el potencial de esta tecnología sigue aún aflorando poco a poco, y parece no tener fin.

Bitcoin, quizá el más famoso caso de uso de esta tecnología, y que en realidad sentó las bases de lo que es blockchain, resulta ser eso, sólo uno de muchos casos de uso posibles.

En esta ocasión quiero focalizar este texto en, quizá, el segundo pero todavía más amplio caso de uso más importante de Blockchain tras Bitcoin, y eso teniendo en cuenta que aún sigue en desarrollo: el contrato inteligente y su industrialización (o automatización... como se prefiera denominar).


No es nuevo que la digitalización de todos los procesos en nuestra vida cotidiana se lleva realizando progresivamente desde hace muchos años, con un nivel cada vez más ambicioso y detallado, hasta el punto de haber desembocado en conceptos como Big Data y sus múltiples aplicaciones. Y no es una excepción el caso del contrato, ya sea contrato privado, contrato legal, o simplemente, un acuerdo mutuo.

Contrato y programa


Tal es el paralelismo entre ambas cosas que un contrato, en realidad, no es más que un simple "programa". Pero, sentemos antes algunas premisas. 

Un contrato es definido como el acuerdo, generalmente escrito, por el que dos o más partes se comprometen recíprocamente a respetar y cumplir una serie de condiciones. Generalmente uno de los compromisos es una contraprestación monetaria, pero no necesariamente. A esta contraprestación la vamos a denominar "transferencia de valor" pues, en realidad, es precisamente lo que es, más allá de que venga expresada en euros, dólares o cualquier otra moneda, y da igual si virtual o real, pero siempre y cuando todas las partes en el contrato asuman como válida esa "transferencia de valor" Por cierto, no nos equivoquemos que valor y dinero no son lo mismo. El dinero no es sino un lenguaje para expresar una "transferencia de valor" y, en algunas ocasiones, se puede transferir valor sin necesidad de dinero.

Así, amparado en la mayoría de los casos bajo un marco legal, un contrato suele ser casi siempre un acuerdo por el que una parte (contratado) satisface las condiciones impuestas por la otra parte (contratante) a cambio de una "transferencia de valor" (Groucho lo explicaba a su manera con su "parte contratante de la primera parte..." o no...  ;-))

Pero ¿quién valida el cumplimiento de esas condiciones? Generalmente, si no existen discrepancias, las condiciones son revisadas y aprobadas por el contratante y éste queda obligado al cumplimiento de la transferencia de valor. Si no hay problemas adicionales el contratante paga al contratado dentro de un período estipulado o en un tiempo justo y asumible por el contratado. Pero si resulta que no se satisfacen las condiciones o hay discrepancias en su cumplimiento, se puede hacer necesaria la participación de un "externo al  contrato" que resuelva el contrato en base a elementos medibles (casi siempre) y con un criterio de aplicación ya establecido y asumido por las partes.

Hasta ahora nada nuevo ¿verdad?

Sigamos complicando la situación, porque puede ser que el contrato se realice entre varias partes.... o el contrato se base en otros contratos para satisfacer una o varias condiciones... o resulte que las condiciones dependan de circunstancias externas ajenas a las partes... 

El contrato sintetizado

Cuadernos de Blockchain La industrialización del contrato

Evolucionamos. Sin duda esto es bueno.

Empecemos por entender el paralelismo entre un contrato y un programa de ordenador, en el que mediante sencillas sentencias IF-THEN y con los datos pertinentes se debería poder (casi siempre) determinar el cumplimiento o no de las condiciones y del desencadenamiento posterior de las acciones establecidas. Ejemplos muy sencillos podrían ser IF (día de pago) THEN transferencia_de_valor() o IF (retraso AVE Madrid Sevilla > 15 min) THEN pago de indemnización() Quede claro que se trata de mostrar el concepto, los contratos no se codifican con IF-THEN, pero el funcionamiento resulta análogo para esta explicación.

Es decir, más allá de que los contenidos de los contratos que ahora manejamos tengan mucho texto, los desencadenantes de cumplimiento y sus consecuentes acciones se pueden siempre expresar en un, llamémoslo, "formato informático". 

Alguien objetará que esto no es siempre así. Y es cierto; a veces, cuando confluyen en un contrato elementos cuyo criterio es subjetivo o carecen de un consenso preestablecido, la traducción de cláusulas a simples secuencias IF-THEN se vuelve muy complicada. Incluso existen algunas ocasiones en las que los elementos que intervienen en el contrato son completamente circunstanciales o dependen del entorno que nos rodea. Pues claro. El mundo es analógico... pero cada vez  es más medible, auditable y por tanto digital, para progresivamente ir eliminando esas subjetividades.

Así que, por suerte para todos, la tendencia es simplificar cada vez más los contratos, con cláusulas simples, claras, entendibles, transformando el actual sistema rígido y decimonónico en algo conciso, manejable y traducible a un "formato informático", y por ello incorporable "nativamente" en sistemas de procesamiento de datos.

Denominemos a esto "contrato sintetizado"

Pues resulta que ya estamos avanzando en esta senda. Desde hace un tiempo ya nos hemos acostumbrado a un nuevo contrato más evolucionado, un paso más hacia el contrato sintetizado, pues ya no hace falta el fichero de texto, tan sólo mostrar por pantalla el contrato y aceptar con un clic las condiciones del contrato ¿o qué cree que hace cuando acepta las condiciones de uso del teléfono, del wasap, de twitter, etc.? No es necesariamente un smart contract, aún, pero se va acercando.

¿Y el contrato digital? Porque todo esto ya está digitalizado ¿no?


El contrato denominado digital al que estábamos acostumbrados era una simple copia de texto transcrita sobre un archivo digital, sea cual sea su formato y codificación, para el que han aparecido múltiples sistemas de firma que den validez, verificación y consenso a estos documentos de texto, casi todos basados en entidades ajenas a las partes involucradas.

Este contrato digital, por sí mismo, es inerte, sin vida, incapaz de medir las condiciones, ni reaccionar a eventos, ni de desencadenar acciones, pues sólo eso, un archivo de texto. Además, puede ser copiado, borrado, alterado, etc. por lo que necesita de ese elemento verificador externo (registros, notarías, etc.) para atestiguar su validez. 

Además, para su procesamiento sobre las plataformas de tratamiento de datos necesita de la transcripción de los datos adecuados del contrato de texto a las entradas correspondientes en dichos sistemas, sea que se incorpore manual o automáticamente dicha información. Y si es un contrato que involucra varios servicios, o varias partes, o ambas cosas, resulta que la información contenida en el contrato se replica varias veces, sobre diferentes sistemas de diferentes propietarios, desperdigando la información a diestro y siniestro, información por cierto, que casi siempre arrastra muchos más datos de los que necesariamente se utilizan. 

No caigamos en la crítica, injusta, de que el contrato estándar en papel de toda la vida se halla "digitalizado" en ficheros de texto haya evolucionado poco. Ni tampoco critiquemos el hecho de que, como hemos dicho, después tenga que ser incorporado en los sistemas para su procesamiento. Es que, sencillamente era, hasta ese momento, la mejor manera de la que disponíamos de digitalizarlo para incorporarlo en los procesos. Era el estado del arte del momento.

Pero la convergencia entre lo contractual y lo digital seguirá su curso irremediablemente, y esto ya empieza a tener su repercusión incluso en la docencia legal, donde será materia obligatoria en el corto tiempo. Aquellos que piensen que esto no sucederá, sorpresa: el mundo está cambiando.

Contratos digitales versus contratos inteligentes (smart contracts)


Y ahora que hemos sentado las bases veamos qué hace blockchain en medio de todo esto.

Mejor comencemos con un ejemplo. Imaginemos que usted contrata unas vacaciones de dos semanas. Usted firma un contrato (sí, es un contrato, y es legal) con su agencia de viajes por la que viaja, pongamos, a Bali; estará allí la primera semana, y luego realiza un crucero por Indonesia la segunda semana. 

Usted firma un contrato, sí, pero su contrato con sus datos (y más información) se replica en otros contratos adicionales que en su nombre realiza la agencia de viajes, a saber, billetes de avión (con escala) para la ida y para la vuelta, una semana en un hotel, una semana en un crucero, y por supuesto un seguro de viaje. Y usted paga por adelantado, al menos un concepto en reserva, por lo que otro contrato de la empresa financiera aparece en escena.

Sin entrar en mucho detalle, su contrato se ha convertido en varios contratos, cada uno con su registro (privado o no), cada uno con sus datos (puede que todos o sólo unos cuantos) que son incorporados en cada diferente sistema informático de cada uno de los implicados (aerolínea, hotel, financiera, crucero, seguro, etc.)  y cada uno con sus propios controles, sus propias maneras de procesar la información, sus propias políticas de tratamiento de la misma, su política de uso, sus soportes de apoyo informático como replicaciones y backups, y un largo etcétera. 

A este hecho lo llamaremos dispersión del tratamiento, y está en el punto de mira de las regulaciones como la LOPD o GDPR (General Data Protection Regulation) que en breve comenzará a aplicarse, las cuales son los principales enemigos de la dispersión injustificada de los datos entre otras cosas, con multas muy abultadas, por cierto.

¿Entiende usted ahora por qué algunos trámites tardan días? ¿Entiende también lo difícil que resulta poner a todos en consonancia? Piense que hay empresas que han nacido fruto de esta problemática, que se especializan en estos temas, y que agilizan los trámites. Pero la raíz del problema sigue estando ahí, pues el contrato, sea digital o no, es de esta naturaleza. 

El contrato inteligente es un cambio radical


Pero, ahora aparece en escena el nuevo paradigma del contrato inteligente, que da un giro radical comparado con la situación actual. El uso de BlockChain permite pasar de la actual situación de dispersión del tratamiento a un modelo contract-centric en el que el procesamiento ya no tiene porqué producirse paralelamente sobre las propias copias de datos que cada parte incorpora en sus sistemas para su tratamiento, porque ahora se puede hacer sobre una única copia compartida por todas las partes, sincronizados sobre la misma y una única versión del contrato, con la visión necesaria y exclusiva de los datos del contrato para que cada parte pueda realizar su tratamiento, evitando así la diseminación incontrolada de información, y encima, esto es lo mejor, es automático

Sí, el contrato inteligente sobre BlockChain es además automático. Esto quiere decir que es capaz de reaccionar automática y autónomamente frente a eventos internos o externos que afecten al cumplimiento de las cláusulas del contrato (condiciones del programa) y consecuentemente desencadenar las acciones oportunas, y sin intervención de terceros.

Y al estar sobre BlockChain hereda de él todas sus fortalezas como la persistencia, la inalterabilidad, la trazabilidad, la transparencia, la inmunidad a ataques, la resiliencia y la continua disponibilidad. Y la más interesante de todas: la nula necesidad de intermediarios.

Transformemos el ejemplo anterior a un contrato inteligente: sus vacaciones generarían un sólo contrato, con toda la información necesaria en él, incluyendo todas las condiciones programadas necesarias para que el resto de los actores conozcan sus obligaciones, con los suficientes accesos exclusivos a los datos que necesite cada una de las partes, todo en una sola versión compartida por todos y asumida por todas las partes sin excepción, sin lagunas, sin errores, sin duplicidades, sin descontrol. 

La aseguradora, el hotel, el crucero, la aerolínea, el banco, etc. todos acceden al único contrato, y ven sólo lo que tienen que ver del mismo para poder realizar su trabajo sin necesidad de duplicar esta información en sus sistemas, y con la seguridad de que la información es veraz y siempre actualizada. Cambio radical ¿verdad? Seguro que se le ocurren multitud de otros ejemplos.

¿Para cuándo este cambio?


Pues esto está ocurriendo ahora mismo, caminando junto a la convergencia de dos mundos, IT y Legal, antes tan ajenos y ahora, cada vez más, solapados.

La incorporación progresiva de los contratos inteligentes en nuestro día a día es una realidad que ya han iniciado multitud de entidades, y ya ha dejado de ser un experimento. Bancos, aseguradoras y las entidades más avanzadas ya incluyen en sus presupuestos la adopción de BlockChain de una u otra forma, y los smart contracts son el foco principal. 

Multitud de iniciativas han surgido alrededor para dar a conocer este nuevo mundo, sus ventajas, sus fortalezas, en las que los más adelantados crean ecosistemas de nuevos negocios antes impensables, como es el caso de Alastria en España.

La maduración progresiva de BlockChain nos permitirá pensar radicalmente diferente, encontrando nuevas maneras de hacer las cosas que ya hacemos.

Ultima vuelta de tuerca para este artículo... ¿se imagina si en el futuro los contratos inteligentes pudieran hacer más cosas todavía, más allá de automatizar un clausulado entre partes? 

¿Se imagina si pudieran ejecutar programas al uso, como los que estamos acostumbrados? 

¿Y si evolucionara aún más el contrato inteligente hasta el punto de ser un completo servicio que podamos usar desde nuestros dispositivos?

Pues bien. No espere al futuro. Esto ya existe. Se llaman DApps o Distributed Applications, y usted las puede usar desde su navegador web, desde su móvil, etc.  Parecen normales, como las que usa habitualmente, pero por detrás está la autopista de BlockChain. En esta página encontrará más de 1.000 DApps sobre Ethereum.

El contrato inteligente, evolucionado hasta este punto, pasa a convertirse en una "máquina de tipo Touring-Completa", pero no cambia de nombre, se sigue llamando Smart Contract.

Pero todo esto en el próximo artículo.

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