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¿Cómo diseñas tu infraestructura?

¿Cómo diseñas tu infraestructura?

¿Cómo diseñas tu infraestructura?

02/07/2019 / Agustín San José /Cloud Computing

Inteligente, elástica, reactiva y eficiente. Así es la infraestructura ideal para cualquier CIO. Y no, no son características exclusivas de Amazon, Google, Microsoft ni de cualquier otro proveedor de cloud que nos venga a la mente.


Como responsable de la provisión de los recursos TI a todas las áreas de la empresa, el CIO debe garantizar que la infraestructura siempre responda a la demanda con el mínimo coste, siempre sin poner en riesgo la seguridad ni el gobierno de la misma. Hasta aquí nada nuevo.

Pero la presión ejercida por los otros departamentos y por el propio mercado ha empujado al CIO a buscar cómo adaptarse al aluvión de nuevas tecnologías, nuevas formas de adquisición de recursos y licencias, y metodologías lean y ágiles, por supuesto, todo ello bajo la premisa anterior.

Sí, es todo un reto. Nunca antes han existido tantas y diferentes posibilidades de diseñar la infraestructura que soporta los servicios TI.

La incorporación continua de avances en en este terreno coloca al CIO en el tablero de una guerra de tecnologías, regulaciones, estándares y metodologías, y que además deben tener rápida respuesta.

La clásica estrategia a largo plazo ha dado paso a otra que combina ciclos cortos y otros más largos, dependiendo de los diferentes recursos implicados.

Entender los diferentes modelos de prestación de los recursos nos ayuda a resolver estos retos, y nos dota del criterio necesario para situar nuestras necesidades en infraestructura en la mejor de las opciones, porque en la actualidad, opciones hay muchas y muy variadas.

Y no son excluyentes, tan válidos son los diseños con infraestructuras clásicas como lo son los de última generación, desde serverless, pasando por contenedores o hiperconvergencia. De hecho nuestra infraestructura es, en realidad, una colección de infraestructuras, cada una enfocada a una solución concreta, y todas conviviendo en armonía, independientemente de su localización, sea on-premise, en una nube o, dado el caso, en ambas a la vez.

Así que acompáñame en una breve retrospectiva sobre la evolución de las infraestructuras TI en los últimos 10 años, suficiente para entender como la transformación está siendo exponencial en este área, no sólo en su capacidad sino también en nuevos modelos de prestación de dicha capacidad.

Back to the future


Consolidación y convergencia, que fueron los primeros, han ido dando paso a otros modelos más eficientes y flexibles, en los que los recursos han dejado de estar atados a una tecnología o marca concreta, y cuyo uso se puede supeditar a la demanda en tiempo real de los mismos. 

El concepto Cloud ha ido encontrando su sentido real, y se ha ido alejando del de sólo ser asociado con los proveedores de cloud pública o de sus servicios, para ser aplicado también a esas infraestructuras clásicas que coloquialmente llamamos DataCenters.

Desde el puro punto de vista de la infraestructura, hemos ido aprendiendo que Cloud no es sino la capa de abstracción que nos aporta otro modelo de prestación de los recursos, donde carece de importancia si éstos son prestados desde el propio DataCenter o desplegados en una nube pública, que por cierto, no olvidemos que no deja de ser “el DataCenter de otro”.

Es gracias a este modelo que los servicios de TI siguen evolucionado hacia un uso más cercano al de una “utility”.

Cierto es que la virtualización de los recursos ha ido extendiendo su alcance, incorporado progresivamente todos los elementos de un DataCenter, no sólo la computación, el almacenamiento y las redes, sino también otros que habíamos considerado hasta el momento exclusivos del mundo físico, como la seguridad.

Pero el detonante real del salto evolutivo sucedió con la introducción del concepto de Infraestructura como código (IaC) que también conocemos como software defined.

IaC no sólo ayuda en la deseada automatización de las operaciones TI que añaden agilidad en la plataforma, llegando incluso en ocasiones a que los entornos operen de forma autónoma. IaC, en realidad, vino a revolucionar la manera en que diseñamos y entendemos los servicios de IT.

Hemos dejado de estar atados a un diseño en el que las aplicaciones se adaptaban a las capacidades de nuestra infraestructura, y hemos pasado a un nuevo diseño en el que las infraestructuras son las que se adaptan a las aplicaciones y al modo en el que las prestamos.

IaC no sólo nos proveía de mecanismos de automatización, creando o destruyendo programáticamente las infraestructuras, sino también del gobierno de las mismas mediante la monitorización continua y automática, y así remodelando elásticamente la infraestructura de una aplicación en función de su demanda o las condiciones de los recursos subyacentes.

IaC se ha convertido en el principal inductor de la innovación en las infraestructuras, hasta el punto de que sigue también su propia evolución paralela, escapando de las implementaciones propias de cada proveedor de cloud, para buscar un estándar que permita un único IaC para su interacción con todas las cloud, sean las de los proveedores públicos o la de nuestro DataCenter también. Este estándar lleva un tiempo gestándose, y sin mencionar a nadie, ya tenemos disponibles ejemplos en el mercado.

Cambiemos ahora el punto de vista y miremos desde el lado de las aplicaciones, porque es en la confluencia entre los nuevos diseños de las aplicaciones y la evolución en las infraestructuras lo que nos ofrece nuevas tácticas en como prestaremos los servicios desde el área de TI.

Las aplicaciones monolíticas, ya obsoletas, han ido dejando paso a diseños de arquitecturas de procesos desacoplados que, no por casualidad, pueden hacer un uso más eficiente de los recursos y a la vez implementar un procesamiento paralelizado.

Diseños, como el modelo de tres capas (Web+AppSrv+DB), que llevan siendo usados desde hace muchos años, ahora se diseñan de manera desacoplada, rompiendo las dependencias entre las tres capas y posibilitando el uso de infraestructuras elásticas.

Otro ejemplo de estos diseños es la contenerización, en donde el desacoplamiento se produce entre los propios componentes de una aplicación, a veces hasta llegar a nivel atómico. Esta atomicidad busca la eficiencia y la reusabilidad de los componentes hasta el punto de que realicen una sóla operación o cometido y, por tanto, no sean en sí mismos más desacoplables. Si bien es dificil llegar a este nivel de desacoplamiento, la tendencia en contenedores es la de crear componentes lo más independientes posible, creando un ecosistema de “microservicios” que además permita que la reusabilidad, es decir, la compartición de estos microservicios entre varias aplicaciones.

Y es que hemos pasado de hablar de aplicaciones a hablar de cargas de trabajo, en la que diferentes componentes colaboran para formar un servicio o aplicación y que reaccionan de manera inteligente al entorno: son diseños capaces de escalar según la demanda, son capaces de moverse entre infraestructuras, son reactivas a los fallos o incluso inmunes a ellos si se diseñan así, resultados que antes sólo eran posibles con un gasto extraordinario.

Las aplicaciones basadas en contenedores son las grandes beneficiadas de los nuevos diseños de infraestructuras y el claro ejemplo de por dónde van las cosas.

La contenerización provee de otra capa de abstracción a los procesos y componentes de una aplcación, que de por sí ya está generalmente abstraída sobre una infraestructura virtualizada, multiplicando los beneficios obtenidos. Esta capa adicional de abstracción permite por sí misma escalabilidad de los contenedores e incluso poder deslocalizar la infraestructura en la que se ejecutan, esto es, proporcionando movilidad de los contenedores entre diferentes infraestructuras. Así, una arquitectura de contenedores podría ser diseñada para que sus contenedores puedan trasladarse entre diferentes infraestructuras físicas, aportando independencia del proveedor, o incluso repartiendo la carga según criterios establecidos.

Exactamente igual ocurre con otras cargas de trabajo. De hecho, la tendencia, cada vez más en práctica, es que el diseño de las cargas de trabajo aloje sus componentes entre diferentes entornos, sean en cloud públicas, privadas o DataCenters clásicos, o en todos a la vez.

Consecuencia de ello revisitamos, por último, otros dos conceptos: la hibridación y multi-cloud. Este último no deja lugar a dudas, y es y será cada vez más habitual que convivamos con varias nubes a la vez, lo que incluye nuestro DataCenter como una nube más.

Pero hibridación, sin embargo, no es una entelequia para extender nuestro DataCenter on-premise a la nube, ni tampoco para que un servicio cloud pueda acceder algún sistema que alojamos on-premise. Es mucho más que eso. Hibridación es la capacidad de cualquier carga de trabajo de distribuir sus componentes entre las diferentes infraestructuras buscando la mayor eficiencia en todos los sentidos, no importa si son cloud o on-premise. Y es esta capacidad la que en un cercano futuro permitirá a cualquier departamento de TI diseñar cargas de trabajo inteligentes y autónomas que, de manera online, serán capaces de reconfigurarse para aprovechar la mejor de las opciones disponibles de infraestructura en un momento dado, sea cual sea el proveedor de dichas infraestructuras. Será lo más habitual encontrar cargas de trabajo donde, por ejemplo, los datos sean custodiados en los DataCenter on-premise, pero su tratamiento o su interacción con los usuarios estén en una o más nubes, públicas o no.

Dejando aparte todas las demás ventajas que brinda un modelo cloud, que son muchas, y de los nuevos modelos de desarrollo, el futuro de las infraestructuras TI resulta apasionante tanto en cuanto las posibilidades se multiplican cada día, y esto incluye a nuestro clásico DataCenter.

Ya pasó la moda en que la única evolución era transformar por completo un entorno on-premise en otro alojado en una nube pública. Ahora la moda es diseñar las cargas de trabajo buscando la mayor eficiencia, y esto cláramente pasa por aprovechar lo mejor de cada mundo.

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Artículo publicado en DigitalBiz Magazine el 16 de junio de 2019

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